martes, 25 de diciembre de 2007

¡Y VAN CINCUENTA TACOS! (50º Aniversario Mortadelo y Filemón!



¡Y van cincuenta tacos! es el título de la aventura conmemorativa del medio siglo de vida de Mortadelo y Filemón, la serie estrella de Ibáñez. El dibujo que enmarca el título, con unos envejecidos agentes de la TIA y una firma moribunda nos puede dar una idea del estado de salud de la serie, sobre todo si la comparamos con épocas mejores. No obstante, hay que reconocer que en esta ocasión la historieta, sin ser nada especial, eleva ligeramente el nivel de la media del momento.

El motivo argumental son los achaques de los agentes de la TIA, que están bajo la vigilancia del Inspector Somormujo, que pretende hacer una limpieza en las filas de la organización. Ciertamente, no anda muy descaminado este personaje, pues la presentación del protagonista de esta aventura no puede ser menos épica. Así, la primera página del álbum se abre con un Mortadelo que amanece en baja forma, tomando píldoras, usando pañales y utilizando sonotone. Estamos ante las entrañas del humorismo: lo cómico es lo opuesto a lo heroico, el héroe entre bastidores.

El recurso de “quedar bien” ante un superior ya ha sido utilizado en aventuras como El inspector general (1989), El nuevo “cate” (1993) o Impeachment! (1999), entre otras, con la salvedad de que en la historieta que nos ocupa, el inspector en cuestión resulta mucho más desagradable, tal vez por el empeño que demuestra en quitar de en medio a nuestros protagonistas. Aunque pase con discreción por su bibliografía es, sin duda, uno de los más peligrosos enemigos que han tenido Mortadelo y Filemón. Por otra parte, recordemos que los gags basados en aparentar normalidad ante un superior derivan de la doble influencia artística de Ibáñez: Franquin (concretamente, Gastón el Gafe) y la tradición de la Escuela Bruguera, en la que no pocas veces encontramos este argumento.
Siguiendo con el curso de la historia, tras un desayuno en El calvario, nuestros agentes llegan a la TIA, donde el Súper hace un repaso al estado decadente en que se encuentran algunos de los superhéroes clásicos: Supermán, Batman, Spiderman, El hombre enmascarado, Tarzán y La masa. La decadencia de estos mitos, claro reflejo del pensamiento entre jocoso y desencantado del autor, se abordó también en álbumes como Las embajadas chifladas (1991), 100 años de cómic (1996) o en historietas cortas como ¡Bichejos a mí! y Los superhéroes, la primera de los años setenta y la segunda de los noventa. Esta presentación, en la que La masa aporta el toque chusco, retoma gags similares a los de sus precedentes.

Ya en la TIA observamos los achaques físicos de sus miembros, lo cual no deja de ser una incongruencia ya que, como se ha dado a entender en no pocas ocasiones, El Súper y el Bacterio tienen mayor edad que Mortadelo y Filemón, por lo que no deja de sorprender que los achaques les aparezcan al mismo tiempo. Con respecto a la edad de Filemón, no deja de ser curiosa la observación del médico en la página 5, en la que hace mención a los esfuerzos que no han de hacerse pasados los cincuenta. Este dato no concuerda con la edad mental que el lector tiene de Filemón, que debe andar, junto con su compañero, entre la treintena y la temprana cuarentena. Sea como fuere, nuestros protagonistas han recibido tantos palos que no nos extraña que aparenten más edad de la que tienen y aparezcan tan cascados como vemos en esta aventura.




Tras una breve visita al gimnasio, el Bacterio inyecta a Filemón un elixir contra el lumbago y la ciática que lo deja con el cuello tieso, mirando hacia arriba. A esto hay que sumarle la dislocación cervical de Mortadelo, lo que provoca cómicas situaciones derivadas de que uno de ellos siempre mira hacia arriba y otro hacia abajo. La cosa se complica cuando Mortadelo decide transportar a su jefe en coche, especialmente cuando lo ata al techo del mismo. Esta escena recuerda claramente a una similar, con Gassoil como objeto, en el álbum inmediatamente anterior (Eurobasket 2007); de hecho, un comentario de Mortadelo revela la asociación mental que también estableció el autor entre ambas situaciones: “hay espacio para llevar a un jugador de baloncesto disecado” (pág. 13).


De este episodio es especialmente reseñable la escena, ya comentada por Mortadelón en su blog, en la que nuestros agentes ven cómo una señora usa uno de sus álbumes para recoger las caquitas de su perro. Se establece aquí un curioso juego de planos de realidad y ficción, pues Mortadelo es consciente de la publicación de sus aventuras en álbumes, aunque lo que para otros autores (Escobar, por ejemplo) daba pie a un rico juego metaficcional, se convierte en Ibáñez en un mero gag sin mayor profundidad.

Finalmente, los agentes se curan de sus males gracias a unas pastillas del Bacterio que les da el agente Berenjénez, que tendrán efectos secundarios como la flojera para Filemón y los gases (nuevos gags soeces) para Mortadelo. Será Ofelia la que, con remedios culinarios, sane a los agentes, justo antes de empezar el siguiente tramo de la aventura.

Así, el Súper propone a los agentes demostrar al inspector que se encuentran todavía en plena forma. Para ello, la misión elegida consistirá en atrapar a Caricemento Pedrúsquez, responsable de los tejemanejes de Marbellalandia (ya tardaba en aparecer la Operación Malaya en un cómic de Ibáñez). Sin embargo, la cosa no resultará fácil, pues la flojera de Filemón llevará a que nuestros agentes usen un carrito de la compra para trasladarse, carrito que acabará arrastrando a Ofelia y al mismo Súper, que protagonizarán una desangelada carrera ante la mirada satisfecha del inspector.

Por si esto no fuera bastante, unas gotas del Bacterio provocan ceguera en Filemón, que tendrá que usar como lazarillo a Mortadelo durante tres páginas de gags simpáticos que recuerdan a El ángel de la guarda (1995). Por una confusión más propia de Rompetechos (que aparece en dos ocasiones en este álbum- confundiendo en una de ellas, nuevamente, a Mortadelo con un cura), los agentes se embarcan en una excursión para la tercera edad en la que se retratan de manera jocosa las estafas a los ancianos. Este inciso, parcialmente original, no tiene que ver demasiado con la historia, salvo por el tema de la edad.






Pero los achaques de nuestros agentes no cesan, y Filemón se pasa cinco páginas intentando orinar en algún sitio,como ya le pasara al Súper en El bacilón (1985). No hace falta decir que será pillado in fraganti en varias ocasiones (por gente de la alta sociedad, monjas, señoras respetables, etc.) Finalmente, Filemón se desahoga sobre el presidente de los Estados Juntintos (clara caricatura de Bush), en una de las escenas más recordadas del álbum. Hay que destacar que vuelve a aparecer Zapatero, al que el autor sigue sin atacar directamente, ya que no pasa de la mera caricatura , así como Mariano Rajoy, tomando nota del incidente, en un claro reflejo de la actitud de resentimiento crispante del líder del Partido Popular. Finalmente, y para regocijo de los lectores, Filemón acaba orinándose sobre el inspector Somormujo, lo cual no le otorga, obviamente, demasiados puntos.

Durante las siguientes cuatro páginas, asistimos a un ataque de gota por parte del Súper, que será atendido por los agentes, repitiendo un esquema harto manido que, sin embargo, resulta simpático en este álbum. La desastrosa protección al Súper se contempla también en álbumes como El ángel de la guarda (1995) –incluida la escena del atropellamiento- y Los invasores (1974). La localización de la dolencia en el pie la apreciamos también en el sufrido Filemón de Contrabando (1978) y, de nuevo en el Súper, en El SOE (1992).

Después de probar otro vano invento del Bacterio para rejuvenecer, nuestros protagonistas entran en la sede de Inmobiliaria de Marbellalandia, de donde podemos ver salir a una folklórica y a un señor bigotudo, entre otros. Parece clara la alusión a Isabel Pantoja (ya nombrada en la página 20) y a Julián Muñoz, supuestamente vinculados a la citada Operación Malaya, pero el autor no se moja y no llega a la caricatura directa de estos personajes, quedándose en un vago recuerdo. Inteligente decisión ésta si tenemos en cuenta que el gag no trascendería, pasado el tiempo.

Una vez dentro, descubren casualmente que el inspector está compinchado con Caricemento Pedrúsquez en asuntos relacionados con la edificación en zonas verdes, construcción de apartamentos en la catedral, etc. Esto nos remite inevitablemente a Soborno (1977), El atasco de influencias (1990) y El señor de los ladrillos (2004). Este descubrimiento de los protagonistas provoca la huida de los malhechores, pero la persecución se ve truncada por el “tembleque longevovetusto” de Filemón, que obliga a Mortadelo a ponerle un supositorio. En pleno acto, la tos de Filemón lo lleva a expulsar el supositorio que hace chocar el coche de los villanos, tras incrustársele en un ojo a Pedrúsquez. A pesar del toque grosero de la escena, el clímax humorístico resulta adecuado.



Gracias al recurso de la elipsis, leemos en los periódicos que el bloc de Somormujo ha desaparecido (lo han quemado nuestros agentes) y que la trama de corrupción ha sido desarticulada, lo que lleva al Súper a felicitar la labor de Mortadelo y Filemón. Y es que, ciertamente, en esta ocasión nuestros agentes han estado más brillantes que de costumbre (dentro de sus posibilidades, claro): han tenido iniciativa, han sabido guiar sus paso y , aunque sea de casualidad, han logrado resolver la misión con éxito. La felicitación del Súper cierra momentáneamente el ciclo iniciado con la primera aventura larga: El sulfato atómico (1969). Nuestros agentes han batallado mucho durante estos años y se merecían, por parte de su autor, este happy end por su aniversario.

A modo de epílogo, Mortadelo y Filemón visitan a su padre y creador, que vuelve a fusionarse con sus personajes (como en todos los aniversarios). Nuevamente encontramos una autocaricatura basada en los achaques de la edad, que nos muestra un Ibáñez más cansado y avejentado que nunca, como ya lo vimos en El estrellato (2002) y en Bajo el bramido del trueno (2006), lo que nos lleva a pensar que tal vez nuestro autor también necesite unas vacaciones.

A modo de conclusión, podemos decir que ¡Y van cincuenta tacos!, sin ser una historieta que parezca digna de la efeméride, eleva ligeramente el nivel de la época. Los diálogos son jocosos y acertados, destacando el especial uso del léxico relacionado con lo achaques de la edad. Los tramos de longitud entre escenas distintas son más cortos que a los que nos tiene acostumbrados Ibáñez últimamente, lo cual favorece una lectura ágil, a pesar de lo repetitivo de algunos gags. Por último, la aventura está bien estructurada y el clímax final permite el trepidante desenlace que otorga, por una vez, gloria a los personajes que tantas delicias nos hicieron pasar. Tal vez todos los aficionados ( y me incluyo en primer lugar) nos hemos parecido en los últimos años al Inspector Somormujo, anotando en una libretita los achaques humorísticos de nuestros queridos personajes. Sirva esta digna historieta para que lancemos una mirada más benevolente sobre la serie estrella de Ibáñez, incluso en estas horas bajas y, deseémosles un Feliz 50 aniversario, recordando las palabras finales de Mortadelo en este álbum:


“¡Mire cómo nos siguen admirando nuestros fans, mire!”











10 comentarios:

Joan G. M. dijo...

Amigo Chespiro, una fabulosa entrada. Nos has dado ánimos para pasarlo bien leyendo un libro de Mortadelo de los últimos, en los que el nivel ha decaído. Espero que sigas así.

PD: Felices pascuas y próspero año nuevo, con retraso, pero bueno.

Chespiro dijo...

Gracias, Joan G. M.
Y si ha servido para animar a la lectura benevolente de los últimos Mortadelos, estupendo, que para eso es Navidad.
Que lo pases muy bien en estas fechas.

Joan G. M. dijo...

Gracias e igualmente, amigo Chespiro.

El Señor Lechero dijo...

Por lo menos, no está al deplorable nivel de "Bajo el bramido del Trueno". Qué espanto.

Chespiro dijo...

Bienvenido,señor lechero.
Es que superar (a la baja) a Bajo el Bramido del Trueno es difícil...aunque también tiene sus defensores,no crea.

El Señor Lechero dijo...

Bienhallado, don Chespiro. He sido visitante silencioso durante muchos meses de esta bitácora y de la de Mortadelón. Y efectivamente, tiene sus defensores el álbum. Yo conozco a uno y todo, que decía que no conocía mejor forma de homenajear al Capitán Trueno que aquélla.

Chespiro dijo...

Muy osado su amigo, señor Lechero.

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A mi lo que me gusta de Mortadelo es la jocosidad con la que el personaje dice algunas frases, es increible que este comic siendo tan viejo sea tan bueno.

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creo que es un poco tarde, pero bueno no importa, felicidades por el 50 aniversario de Mortadelo y Filemón, tales personajes peculiares son muy graciosos

Anónimo dijo...

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